Somos seres narrativos. Somos seres que contamos relatos. Damos sentido a nuestras vidas, al mundo en el que vivimos y a la relación con nuestro entorno a través de las historias que construimos sobre todo ello. Individual y colectivamente. Contamos para explicarnos, para tejer la memoria de nuestra historia personal -la de nuestrxs antepasados y la de nuestros pueblos-, para nombrarnos, para compartir nuestros sueños, para caminar juntxs hacia ese horizonte. Los relatos nos constituyen y pueden cambiar nuestra percepción y relación con el mundo, las cosas y las personas.

Pero ¿Quiénes cuentan los relatos y quiénes no tienen espacio para contarse? ¿Qué efectos tienen en otrxs estos relatos? ¿A quiénes benefician, qué posibilitan, qué restringen, qué silencian? ¿Con qué narrativas se nombran las estructuras que permiten la desigualdad y el despojo? ¿Con qué narrativas se nombran la vida y el territorio?

A través de las historias que contamos, se expresan visiones del mundo, del desarrollo, de las mujeres, del territorio. Pero estos relatos no se cuentan en una hoja en blanco. Conviven con otros relatos que ocupan espacio, pelean por silenciar, por volverse los únicos posibles.

 Al igual que las desigualdades que atraviesan todos los días nuestras realidades, en el universo de los relatos existe una batalla por las narrativas y los sentidos. No todas las voces ocupan el mismo espacio. Hay narrativas que cuestionan y otras que repiten estas historias dominantes, hay relatosque dignifican y otros que anulan voces.

Por ejemplo, el capitalismo lleva años moldeando el lenguaje occidental para nombrar y depredar "los recursos naturales", negando toda afectación ambiental, económica y social, y desacreditando todo cuestionamiento social. Los movimientos sociales, a su vez, buscan expresar y expandir otras visiones de vida y de desarrollo, reivindicar sus derechos y libertades, cuidar la naturaleza y los bienes comunes.

Cuando UN relato se impone para describir una realidad, todas las demás historias quedan en la

sombra, ocultas, silenciadas, negadas. Por eso es tan importante contar nuestras historias,

compartirlas, escribirlas, grabarlas, dibujarlas, llenar los espacios que habitamos con ellas.

Y también es necesario historiar nuestras victorias, que han sido muchas. Narrarlas, compartirlas y

vincularlas. A las mujeres defensoras nos han contado desde la negación de lo que somos, nos han

borrado de sus relatos. Pero si el sistema cambia y busca nuevas estrategias cada vez, es porque no

ha podido derrotarnos. A pesar de la violencia y de las injusticas en nuestros territorios, desde las comunidades estamos creando alternativas locales y regionales que quizás puedan parecer minúsculas frente al brutal panorama, pero que sumadas, están creando un fuerte tejido de horizontes de esperanza.

Esta sección busca abrir un camino colectivo para tejer nuestras voces, para saber que no estamos solas en las luchas cotidianas, vislumbrando las miles de estrellas que existen dentro de este cielo muchas veces muy nublado.

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